La experiencia europea

La calidad del aire no es un tema novedoso en la Unión Europea. En 2008, tras una serie de episodios de contaminación atmosférica, entra en vigor una directiva europea que fijaba un límite legal para los índices contaminantes en los grandes centros urbanos. Los países tenían hasta 2010 para poner en marcha una solución de reducción de emisiones. En 2015, el Acuerdo de París puso el foco de las preocupaciones hacía el tema de nuevo.

En julio de 2019, Bruselas llevó a España al Tribunal de Luxemburgo por el incumplimiento de los estándares límites de NO2 (dióxido de Nitrógeno) presentes en el aire de Madrid y Barcelona, con riesgo de una multa que podría llegar hasta los 1.600 millones de euros.

España ha tardado casi 10 años en llevar a cabo una regulación que gestionase las emisiones. Madrid Central fue la primera área en España que atendió permanentemente el problema en noviembre de 2018, aunque con una tímida región de 4 km². En Barcelona, la ZBE opera en situaciones de emergencias desde 2017 y es 20 veces mayor que el área madrileña.

Grandes capitales como Berlín, Londres, Paris, Lisboa y Roma tienen vigentes zonas de restricciones por contaminación atmosféricas, en que hacen uso de la clasificación Euro para encuadrar sus vehículos, pero con condiciones distintas de las españolas.

En Londres, por ejemplo, existe una regulación desde 2003, pero con reglas más restrictivas desde 2017. La gestión está hecha en dos áreas distintas, una central más restrictiva de 21 km² y otra que es el conjunto de diversos municipios que suman 1.500 km², la mayor área europea hasta ahora. En el área central, parte de la gestión consiste en pagar una tasa para acceder la región.

            En París, desde 2017 es obligatorio el uso del distintivo y en caso de incumplimiento la multa es de 68 euros mientras en Berlín, la multa por entrar sin el distintivo es de 80 euros. En Barcelona, el uso del distintivo no será obligatorio, pero la gestión pública lo recomienda.

            La normativa ya ha provocado grandes divergencias entre los habitantes de Barcelona, el poder público y las asociaciones ecológicas. La portavoz de la Plataforma de Afectados por Restricciones Circulatorias (PARC), Mónica Xufré, declara: “Todo el mundo piensa en atacar al más fácil, cuando los focos de contaminación de la ciudad de Barcelona son puerto, aeropuerto, tráfico de mercancías y luego el transporte privado.” 

            En concreto, el puerto y aeropuerto de Barcelona son considerables focos de emisiones contaminantes. En una entrevista cedida a la Catalunya Ràdio, la presidenta del Port de Barcelona, Mercè Conesa, asegura que el puerto barcelonés es responsable del 10% de la contaminación del aire de la ciudad.

Sin embargo, la plataforma Ecologistas en Acción ha publicado un artículo que denuncia que 80% de la contaminación en España es causada por el tráfico rodado. Y el Aeropuerto del Prat tiene la clasificación nivel 2 en la Airport Carbon Accreditaton, que significa que es uno de los 33 aeropuertos europeos a reducir las emisiones de CO2 en 2019.     

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