Los estragos del turismo en Barcelona

PATRICIA MAMPEL

Es jueves por la tarde y en el bar de Can Batlló se concentra un pequeño grupo variopinto. Todos hacen la misma pregunta al entrar, “perdone, ¿el documental?” Se refieren al recientemente galardonado “City For Sale,” documental nominado a 9 categorías de los premios Goya 2020.

El primer film de la directora Laura Álvarez, periodista, productora audiovisual y “vecina de Barcelona”, es una ópera prima que expone, a través de imágenes y varios testimonios de 4 familias, la problemática existente del turismo masivo en la ciudad condal. A pesar de ser un problema general en toda la ciudad, el trabajo de Laura se centra en los vecinos del distrito de Ciutat Vella, a puertas del Mediterráneo.

Tráiler de City for Sale, documental dirigido por Laura Álvarez

La proyección corre a cargo de la asociación “Fent Front al Turisme” de Sants, grupo activista que funciona desde hace más de 20 años y cuyas actividades tienen el objetivo de limitar, en la medida de lo que se pueda, las consecuencias del turismo masivo en la ciudad. Habla también uno de los miembros de la “Asamblea de barri pel decreixement turístic,” otra plataforma con iniciativas anti turistas. Después la presentación se hace el silencio.

La pantalla se enciende y, tras el fondo negro iluminándose, aparece la primera escena del documental: Dos vecinas del distrito de la Ciutat Vella, uno de los más castigados por el turismo. Ambas mujeres charlan animadamente mientras toman en el sol en la playa de San Sebastián, justo delante de las instalaciones del Club de natación de Barcelona. Comentan que hace un poco de viento, pero que se está bien. Sobre todo porque es temprano y los turistas aún no han llegado, “sí, es horrible como se pone esto. El barrio ha perdido su identidad.”

Se quejan del gentío que baja cada día a la playa, la mayoría turistas. Muchos de éstos acaban contaminando el espacio con toneladas de plásticos las playas principales de Barcelona. Botellas, vasos, envoltorios de snacks… en junio de este año, coincidiendo con el día mundial de los océanos, se llegaron a recoger hasta 24.000 residuos de la playa de la Barceloneta. Residuos que, en su mayor parte, son provocados por la cantidad de visitantes que vienen a la playa en los días de sol y fiesta.

No sólo es la presencia de turistas un problema para el medio ambiente sino también la movilidad de éstos. Tanto para entrar como para salir de la ciudad. Una de las problemáticas que siempre sale a relucir es el tema de la gran cantidad de cruceros que atracan al año en el puerto de Barcelona, considerado ya el más contaminante de la ciudad. Estas grandes embarcaciones, sumadas a los mercantes que también utilizan Barcelona como principal escala, suman hasta 800 navíos por año. Cifra que, multiplicada por la cantidad de emisiones perjudiciales, da una cifra desorbitada. 

Montse, otra de las vecinas del barrio afirma que se sintió “obligada” a cambiarse de casa a causa del turismo masivo porque en la zona en la que vivía era imposible descansar y trabajar desde casa. Cuando se le pregunta por cómo cree que va a ser el futuro, comenta con un poco de esperanza, “la burbuja turística explotará en algún momento. Barcelona perderá su encanto y al final la gente dejará de venir.”

En algún momento, a no ser que la forma de gestionar esta avalancha de turistas cambie, la situación se volverá insostenible y Barcelona podrá volver a estar en manos de los vecinos, lista para volver a cuidarla.

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